Política | Canasta de crianza

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Asignación por hijo insuficiente

La canasta de crianza que el Instituto de Estadística y Censos porteño calcula mes a mes funciona como una radiografía del costo real de sostener la vida cotidiana de niños, niñas y adolescentes en la Ciudad de Buenos Aires. En junio de 2026, ese indicador volvió a mostrar cifras que superan ampliamente el millón de pesos mensuales en casi todos los tramos etarios. En contraste, la asignación por hijo para los empleados del gobierno de la ciudad quedó fijada en $63.200,34 para el rango salarial más bajo, $38.334,63 para el intermedio y $19.685,35 para el más alto. Esto ocurre mientras sigue descendiendo la natalidad en la ciudad. Por Mailén González Buenos Aires, 24 de julio de 2026. La canasta de crianza implica valores notoriamente más altos, medida por un organismo del mismo gobierno. Con un máximo de $1.563.484,66 para varones de dos años y un piso de $966.505,40 entre los seis y siete años, supera ampliamente la asignación recientemente actualizada. La metodología de ponderación de la canasta de crianza combina el valor de los bienes y servicios indispensables —alimentación, vivienda, salud, educación, transporte, comunicaciones, recreación, vestimenta— con la valorización del tiempo de cuidado, que se estima a partir de la Encuesta de Uso del Tiempo de 2023 y se expresa en horas diarias según la edad: doce para la primera infancia, ocho para los tres a cinco años, cuatro para los seis a doce y tres para la adolescencia. El resultado es un cálculo que no pretende reflejar un gasto obligatorio, pero sí dimensionar el esfuerzo económico que implica la crianza en hogares urbanos.

En los primeros dos años de vida se concentran los valores más altos. La valorización del cuidado asciende a $1.062.109,46 y explica buena parte del total, que para bebés de hasta cinco meses llega a $1.443.777,51. A medida que avanza la edad, los bienes y servicios aumentan, pero la reducción de horas de cuidado modera el incremento. Entre los tres y cinco años, el componente de cuidado baja a $708.072,98 y la canasta se ubica entre $1.197.409,79 y $1.264.353,04. En la niñez de seis a doce años, el cuidado desciende a $354.036,49 y aparece el valor más bajo de toda la serie: $966.505,40 para seis y siete años. En la adolescencia, la valorización vuelve a subir a $389.560,25 y la canasta supera otra vez el millón de pesos, con montos que oscilan entre $1.148.703,05 y $1.240.030,79. Las diferencias por género se explican por el componente de bienes y servicios, que incorpora productos de gestión menstrual para mujeres mayores de diez años y telefonía celular para ambos sexos a partir de los doce.

Asignaciones familiares de los estatales porteños

Frente a estos valores, la actualización de las asignaciones familiares para trabajadores de la administración pública porteña exhibe una brecha difícil de ignorar. Desde julio de 2026, la asignación por hijo quedó fijada en $63.200,34 para el rango salarial más bajo, $38.334,63 para el intermedio y $19.685,35 para el más alto. Incluso en su valor máximo, la prestación cubre apenas entre el 4% y el 6% del costo mensual de crianza según la edad del niño o adolescente. 

La Ciudad también ajustó los rangos de ingresos que determinan el acceso a los beneficios, pero el incremento no modifica la distancia estructural entre el costo real de sostener un hogar con hijos y el aporte estatal destinado a acompañar esa tarea. La asignación por hijo con discapacidad, que asciende a $215.502,81 en el rango 1, representa un alivio mayor, aunque sigue lejos de cubrir la canasta específica que requieren esos hogares. El resto de las prestaciones —embarazo, nacimiento, adopción, matrimonio, ayuda escolar, violencia de género— también fue actualizado, pero su impacto es puntual y no altera la ecuación mensual.

Esa discrepancia se vuelve más significativa cuando se observa la evolución demográfica de la Ciudad. Según datos del Idecba, en 2023 se registraron 23.760 nacimientos, menos de la mitad de los 44.347 contabilizados en 2010. La tasa bruta de natalidad cayó de 14,6 a 7,7 por mil habitantes y el crecimiento vegetativo es negativo desde hace varios años: en 2023 alcanzó -1,4 por mil, lo que implica que mueren más personas de las que nacen en el distrito.   

La tendencia no muestra señales de reversión y se replica en casi todas las comunas, con excepción de cuatro que mantienen un saldo levemente positivo. La fecundidad también se encuentra en mínimos históricos: el último informe oficial señala que la tasa global de fecundidad es de apenas 1,09 hijos por mujer, muy por debajo del nivel de reemplazo generacional.   

La caída de la natalidad en la Ciudad de Buenos Aires es un fenómeno multicausal, pero los indicadores económicos aportan una explicación central. Con canastas de crianza que superan el millón de pesos mensuales, una canasta básica total que ronda valores similares y un mercado laboral atravesado por la precarización y el aumento de la pobreza, la decisión de tener hijos se vuelve cada vez más difícil para amplios sectores de la población. La asignación por hijo, aun con las actualizaciones semestrales previstas por la Ley 6457/21, queda muy lejos de compensar ese escenario. La distancia entre el costo real de criar y el aporte estatal no solo tensiona los presupuestos familiares: también contribuye a una transformación demográfica que ya se refleja en la estructura poblacional, en la matrícula escolar y en la planificación urbana.

En este contexto, la discusión sobre políticas de acompañamiento a la crianza adquiere una dimensión estratégica. La Ciudad enfrenta un descenso sostenido de nacimientos, un crecimiento vegetativo negativo y una fecundidad por debajo del reemplazo. La brecha entre lo que cuesta criar y lo que el Estado aporta para hacerlo no es un dato aislado: es parte de la explicación de por qué cada vez nacen menos chicos en Buenos Aires.


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