Política | Hospitales universitarios

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Una polémica miserable

La polémica entre la Universidad de Buenos Aires y el Ministerio de Capital Humano por los fondos destinados a los hospitales universitarios volvió a poner en el centro de la escena la importancia de estas instituciones en la salud pública porteña. El Hospital de Clínicas, el Instituto de Oncología Ángel Roffo y otros centros dependientes de la UBA atienden cada año a más de 700 mil pacientes, convirtiéndose en pilares de un sistema que combina docencia, investigación y asistencia médica. La discusión sobre el financiamiento no es meramente administrativa: se trata de garantizar la continuidad de servicios esenciales para miles de personas que encuentran en estos hospitales la única respuesta posible a sus necesidades de salud. Por Gerardo Codina Buenos Aires, 8 de mayo de 2026. Los directores de los hospitales universitarios denunciaron que el Gobierno nacional no envió partidas destinadas a cubrir gastos operativos, fundamentales para la compra de insumos y el mantenimiento de aparatología médica. Señalaron que las transferencias recibidas se limitan al pago de sueldos y servicios, dejando sin financiamiento áreas críticas para el funcionamiento cotidiano. El secretario de Hacienda de la UBA, Matías Ruiz, precisó que casi 80 mil millones de pesos del presupuesto asignado a los hospitales universitarios aún no tienen distribución definida, lo que genera incertidumbre sobre la capacidad de cada institución para sostener su actividad. El Ministerio de Capital Humano reconoció la existencia de esos fondos sin asignar, pero acusó a la UBA de pretender quedarse con el 95% del monto, dejando apenas un 5% para el resto de los hospitales universitarios del país.

El presupuesto nacional para hospitales universitarios en 2026 asciende a 114.269 millones de pesos, lo que representa una caída del 8,4% en términos reales respecto de 2025, descontando la inflación proyectada, según informa el sitio Chequeado. En el primer cuatrimestre se giraron apenas 10.602 millones, equivalentes al 9,3% del total, lo que implica una subejecución significativa. En comparación con años anteriores, la caída es aún más marcada: el monto ejecutado en los primeros cuatro meses de 2026 registra una baja real del 69,7% respecto de 2025 y del 86,4% en relación con 2023. En el caso de la UBA, los fondos previstos para sus hospitales suman 23.437 millones de pesos, pero en el primer cuatrimestre recibió solo 7.107 millones, lo que representa una caída real del 74% frente al mismo período del año anterior.

La importancia de los hospitales universitarios trasciende las cifras presupuestarias. El Hospital de Clínicas, por ejemplo, es un centro de referencia en múltiples especialidades y un espacio de formación para miles de estudiantes de medicina. El Instituto Roffo, dedicado a la oncología, es clave en la atención de pacientes con cáncer y en la investigación de tratamientos innovadores. Estos hospitales cumplen una función social insustituible, ya que atienden a sectores que muchas veces no tienen acceso a la medicina privada y dependen de la salud pública para recibir atención de calidad. Además, su rol en la formación de profesionales y en la investigación científica los convierte en motores del desarrollo del sistema sanitario argentino.

La disputa por los fondos refleja un problema estructural: la tensión entre la necesidad de garantizar recursos suficientes para instituciones que cumplen funciones esenciales y la política de ajuste fiscal que limita las transferencias. El Gobierno sostiene que busca una distribución eficiente, pero la demora en asignar los fondos compromete la capacidad operativa de los hospitales. La UBA, por su parte, reclama que se respete el criterio de años anteriores, cuando recibió más del 90% del presupuesto total destinado a hospitales universitarios, frente al 62,3% que obtenía durante la gestión del Frente de Todos. Si se mantuviera ese criterio, la universidad debería recibir más de 102 mil millones de pesos en 2026, lo que implicaría destinarle casi la totalidad de los fondos aún no asignados.

La discusión se da en un contexto de movilización social. En la semana previa a una nueva marcha en defensa de la Ley de financiamiento universitario, los reclamos por los hospitales se suman a los de las facultades y centros de investigación. La comunidad académica y sanitaria advierte que la falta de recursos pone en riesgo no solo la atención de los pacientes, sino también la formación de profesionales y la continuidad de proyectos científicos. La caída en la ejecución presupuestaria se traduce en dificultades concretas: falta de insumos, equipos fuera de servicio, reducción de guardias y demoras en tratamientos. Para los pacientes, esto significa menos acceso y más incertidumbre; para los estudiantes, menos oportunidades de aprendizaje en condiciones adecuadas.

La relevancia de los hospitales universitarios en la salud pública porteña es indiscutible. Sin embargo, la Ciudad no opina sobre lo que sucede en su territorio. Son instituciones que combinan asistencia, docencia e investigación, y que sostienen un modelo de atención integral. La crisis de financiamiento que enfrentan no es solo un problema administrativo, sino un desafío que impacta directamente en la vida de miles de personas. La discusión entre la UBA y el Ministerio de Capital Humano pone de manifiesto la necesidad de definir una política clara y estable que garantice recursos suficientes para estas instituciones. En un sistema de salud marcado por desigualdades y tensiones, los hospitales universitarios representan un espacio de acceso, calidad y formación que no puede quedar a merced de disputas presupuestarias. La resolución de este conflicto será clave para determinar si la salud pública porteña puede sostener uno de sus pilares fundamentales o si, por el contrario, se profundizará una crisis que amenaza con debilitar el corazón mismo de la atención médica y la formación universitaria en la Argentina.


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