Política | Crisis económica

03/07

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Aumenta la pobreza

La pobreza volvió a crecer en la Ciudad de Buenos Aires y quebró una tendencia de descenso que se había sostenido durante cinco trimestres consecutivos. El último informe del Instituto de Estadística y Censos porteño muestra que, durante el primer trimestre de 2026, unas 651.000 personas vivían por debajo de la línea de pobreza, lo que equivale al 21,1% de la población. El dato representa un aumento interanual significativo y confirma que, aun con la desaceleración de la inflación, los ingresos de los hogares más vulnerables no logran acompañar el ritmo de aumento de la canasta básica. La presión sobre los gastos esenciales continúa creciendo y golpea con mayor fuerza a quienes ya se encontraban en una situación económica frágil. Por Mailén González Buenos Aires, 3 de julio de 2026. El informe del organismo estadístico también revela que la pobreza alcanza al 17,2% de los hogares porteños, alrededor de 236.000 familias. Dentro de ese universo, la indigencia muestra un deterioro aún más marcado: afecta al 6,8% de los hogares, unas 93.000 familias, y al 8,9% de las personas, aproximadamente 274.000. La indigencia, que mide la imposibilidad de cubrir siquiera la canasta básica alimentaria, creció de manera más acelerada que la pobreza general y expone un agravamiento de las condiciones de vida en los sectores más vulnerables.

En comparación con el mismo período de 2025, el retroceso es evidente. Hace un año, la pobreza alcanzaba al 15,2% de los hogares y al 19,9% de la población. La indigencia, en tanto, afectaba al 6,2% de las personas. El salto registrado en 2026 no solo revierte la tendencia previa, sino que amplía la distancia entre los ingresos familiares y el costo de los bienes esenciales. Según el IDECBA, el incremento se explica principalmente porque los ingresos de los hogares más pobres crecieron a un ritmo menor que el de la canasta básica total, aun cuando otros indicadores económicos de la Ciudad mostraron una evolución más favorable.

El relevamiento advierte, además, que la situación extrema ganó peso dentro del conjunto de hogares pobres. Actualmente, el 39,6% de las familias que se encuentran bajo la línea de pobreza no dispone de ingresos suficientes para comprar la canasta básica alimentaria. Un año atrás, esa proporción era del 27%. Esto implica que, dentro del universo de hogares pobres, cada vez más familias se ubican en el segmento de indigencia, lo que refleja un deterioro profundo en la capacidad de acceso a alimentos básicos.

Las desigualdades territoriales también se hacen visibles en el informe. Los hogares ubicados en la zona sur de la Ciudad presentan una incidencia de pobreza del 24,9%, muy por encima del promedio general. La distribución geográfica del fenómeno confirma que las brechas históricas entre el norte y el sur se mantienen y, en algunos casos, se profundizan. Las familias con menores de 14 años también muestran niveles superiores al promedio: en ese grupo, la pobreza asciende al 26,2%, lo que evidencia el impacto directo sobre los hogares con niños y adolescentes.

La situación de la infancia y la adolescencia continúa siendo especialmente preocupante. El 34% de los chicos y adolescentes de entre 0 y 17 años reside en hogares pobres, lo que representa alrededor de 230.500 personas. Aunque el porcentaje se mantiene prácticamente estable respecto del año anterior, sigue ubicándose muy por encima del promedio general de la Ciudad y confirma que la pobreza infantil es un fenómeno persistente y estructural. La estabilidad del indicador no implica una mejora, sino que muestra que los niños y adolescentes permanecen expuestos a condiciones de vida más vulnerables que el resto de la población.

El IDECBA también calculó la brecha de ingresos necesaria para que los hogares pobres puedan superar esa condición. En promedio, cada familia requeriría un ingreso adicional de $501.201 mensuales, una cifra que equivale al 44,2% del valor de la canasta básica total. Este dato permite dimensionar la distancia entre los ingresos reales y los necesarios para alcanzar un nivel mínimo de bienestar económico. La brecha es particularmente elevada en los hogares indigentes, donde el déficit de ingresos se vuelve más difícil de compensar aun con mejoras parciales en la actividad económica o en el empleo.

El informe también analiza la estructura social porteña. La denominada clase media continúa siendo el grupo más numeroso, aunque perdió participación respecto del año pasado. Actualmente reúne al 50,8% de los hogares y al 47,2% de la población, alrededor de 1.458.000 personas. El sector medio frágil, integrado por hogares que superan apenas los niveles mínimos de consumo, también retrocedió. Por su parte, los sectores acomodados representan el 13,8% de los hogares y el 11,6% de la población, unas 358.000 personas. En este segmento, las variaciones respecto del año anterior no resultan estadísticamente significativas.

Los datos del IDECBA muestran que la pobreza en la Ciudad de Buenos Aires no solo volvió a crecer, sino que lo hizo con una intensidad que afecta especialmente a los hogares con menores ingresos, a las familias con niños y a los barrios del sur. La desaceleración de la inflación no fue suficiente para aliviar la presión sobre la canasta básica, que continúa aumentando mes a mes y exige un mayor desembolso para cubrir necesidades esenciales. El informe confirma que la recuperación económica no se distribuye de manera homogénea y que los sectores más vulnerables siguen enfrentando un deterioro persistente en sus condiciones de vida.


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