Cultura | Cambios en educación
06/03
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Celulares fuera del aula
El Gobierno porteño dispuso la prohibición del uso de teléfonos celulares durante las clases en el nivel secundario, tanto para estudiantes como para docentes, mientras que cada institución tendrá la potestad de decidir si los dispositivos podrán utilizarse en los recreos. La medida alcanza a establecimientos públicos y privados y se suma a la normativa ya vigente en los niveles inicial y primario, donde la restricción es total y abarca incluso los momentos de recreación, comedor y otros espacios escolares. Por Mariela Sosa Buenos Aires, 6 de marzo de 2026. La resolución establece que los celulares solo podrán emplearse en actividades educativas específicas, con equipos provistos por la institución y bajo supervisión docente. El acceso a los dispositivos queda restringido y cualquier práctica pedagógica digital deberá realizarse exclusivamente con computadoras escolares. La política contempla excepciones en casos de discapacidad, enfermedad o necesidades de apoyo, garantizando la inclusión de estudiantes que requieren herramientas tecnológicas para su aprendizaje.
El jefe de Gobierno, Jorge Macri, defendió la medida al señalar que el celular en la escuela se ha convertido en una máquina de distracción que afecta la atención y el rendimiento académico. “El objetivo del aula es aprender y, como gobierno, tenemos que generar las condiciones para que los maestros vuelvan a tener la atención de los alumnos. El celular no es una herramienta imprescindible en el aula”, afirmó. La ministra de Educación de la Ciudad, Mercedes Miguel, reforzó esta postura al remarcar que la escuela debe ser un espacio de atención, vínculo y aprendizaje, y que la decisión no busca sancionar sino ordenar el uso de la tecnología para cuidar el bienestar digital de niños y adolescentes.
La evidencia recogida tras un año de aplicación de la regulación inicial mostró resultados alentadores. Siete de cada diez alumnos de primaria y seis de cada diez de secundaria manifestaron que prestan más atención y aprenden mejor sin el celular en clase. Más de la mitad indicó que conversa más con sus compañeros y que las restricciones no generan mayor aburrimiento. Por su parte, la mayoría de los docentes y directivos encuestados coincidió en que disminuyeron las interrupciones y los llamados de atención, mientras que aumentó la interacción cara a cara.
Los estudios que fundamentaron la nueva normativa revelan que el 94% de los estudiantes de secundaria lleva el celular todos los días a la escuela y que cinco de cada diez reconocen que desean dejar de usarlo pero no pueden. La distracción digital se asocia negativamente con el desempeño escolar y el uso predominante de los móviles se vincula al entretenimiento y las redes sociales, más que a tareas educativas.
La implementación de la medida requiere que cada institución de nivel secundario elabore su propio reglamento, defina mecanismos de guardado de dispositivos, comunique la normativa a toda la comunidad educativa y eleve el plan a la supervisión correspondiente. Además, se fortalece el rol del Facilitador Pedagógico Digital como referente institucional de protección digital infantil y adolescente, con funciones formativas y preventivas.
La política pública también incorpora la corresponsabilidad de las familias, promoviendo coherencia entre el hogar y la escuela para consolidar una cultura digital de cuidado. La intención es que el ordenamiento del uso de la tecnología no se limite al ámbito escolar, sino que se extienda a la vida cotidiana de los estudiantes, generando hábitos más saludables y equilibrados.
Con esta decisión, la Ciudad de Buenos Aires se posiciona como pionera en Argentina y en América Latina en la regulación del uso de celulares en las escuelas. El paso hacia aulas libres de dispositivos móviles refleja una apuesta por recuperar la centralidad del vínculo pedagógico y por garantizar que la tecnología se utilice con sentido educativo, evitando que se convierta en un factor de dispersión. La medida, que se inscribe en un contexto global de debates sobre el impacto de los celulares en la educación, abre un camino de reflexión sobre cómo equilibrar el acceso a la innovación tecnológica con la necesidad de preservar la atención, la interacción social y el bienestar de los estudiantes.
En definitiva, la prohibición del uso de celulares durante las clases en la escuela secundaria porteña busca reforzar la calidad educativa, mejorar la convivencia escolar y promover un aprendizaje más profundo y significativo. La Ciudad apuesta a que esta política se traduzca en un cambio cultural que involucre a toda la comunidad educativa y que siente las bases para un futuro en el que la tecnología sea una herramienta aliada, pero nunca un obstáculo para el derecho a aprender.
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